El kéfir es un producto fermentado probiótico cuyas bacterias son muy beneficiosas para salud.
Es cierto que se venden ciertos “sucedáneos” pero el verdadero kéfir, ya sea de leche o de agua, que es el que verdaderamente tiene propiedades probióticas interesantes, requiere una elaboración artesanal que no soporta los procedimientos industriales. Para empezar a producirlo necesitamos que alguien nos regale los gránulos…
Existen dos tipos de kéfir, el de agua y el de leche. De hecho, existe una tercera opción, el kéfir de té o kombucha, pero este tipo tiene características distintas.
El kéfir de agua y el kéfir de leche contienen la misma microflora, sólo que los medios en los que se desarrolla son distintos. El kéfir de leche es más popular, quizá porque por su textura y sabor son más parecidos al yogur. En cambio el kéfir de agua ofrece más propiedades y es más fácil de mantener, ya que el mejor kéfir de leche requiere leche cruda, que es bastante complicada de encontrar hoy en día. En cambio el kéfir de agua no tiene la complicación de las alergias o intolerancias y para elaborarlo simplemente necesitaremos agua sin cloro como medio.
De manera general, el kéfir de agua se recomienda cuando se sufre de:
- Mala digestión
- Enfermedades gastrointestinales
- Debilidad del sistema inmunológico
- Antiinflamatorio
- Previene cáncer
- Estreñimiento
- Artritis


